13.11.10

A unos días de cumplir años, me da por pensar sobre un tema típico en fechas de celebraciones y, a la vez, recurrente en las conversaciones. Cuántas veces habré repetido:"¡Qué rápido pasa el tiempo!". Pero es que me fascina cómo la velocidad del tiempo se multiplica conforme vamos coleccionando años a nuestras espaldas, sumando experiencias. Me abruma la sensación de querer hacer tantas cosas, o mejor dicho de no saber qué hacer, mientras que los días siguen transcurriendo. A veces me gustaría gritar a plena voz: ¡no me da tiempo! Otro extraño cambio que he podido observar respecto a un tiempo atrás, quizás sea por esta consciencia permanente de la fugacidad del tiempo, es que los planes ya no suelen quedarse en planes simplemente, sino que suelo realizarlos casi todos, lo del casi puedo perdonármelo porque al fin y al cabo algo de esto llevo en los genes, sino no habría escuchado a mi padre cientos de veces planear un verano de película que se quedaba en dos semanas de playa por la costa malagueña. Me propongo para este nuevo año ir eliminando primero la c, luego la a y la s y la i de ese casi siempre que esté en mi mano para cumplir todo lo que me apetezca hacer, satisfacer mis ganas de hacer cosas es lo que quiero. Algo bastante evidente también es que el cuerpo ya no pide lo mismo que antes. Sin entrar en temas "escabrosos", me refería mas bien a que tu deber por así decirlo ya resulta cansino, con estudiar no basta, y es que tus prioridades se convierten casi en necesidades, por ejemplo la movilidad, el estar de aquí para allá, los viajes... Y claro, para todo hace falta el dichoso dinero... Y NO, el estudiar no da pasta. Otra frase que pronuncié hace poco y que puede resultar no menos perturbadora fue: "Quién me iba a decir a mí hace un año que...". Una verdad tan grande como una casa. La comparación de mí misma ahora y hace un año, mi vida, mis pensamientos incluso, entre muchas más cosas, tienen que ver con mi "yo" anterior porque la esencia es la misma pero puede que ahora sea una versión mejorada, a mi parecer. Más que nunca me doy cuenta de que no sabemos qué nos depara el futuro aunque se trate de un burdo topicazo. Y es que no tenemos ni idea. El presente no podemos imaginarlo a largo plazo como nuestro futuro, es imposible y además absurdo. Por último quería reconocer que a veces el mundo te sigue brindando la magnífica oportunidad de conocer personas que verdaderamente no quieres que salgan de tu vida y que esos descubrimientos pueden llegar a emocionarme, viendo tal y como está el patio. A partir de ahora seguiré sus pasos, lejos pero cerca.

Se despide entrando en la madrugada.

Trice.
Voy comprendiendo que no soy de ese tipo de persona que puede vivir sin sentir nada, no puedo, o al menos hasta ahora no he podido. Inevitablemente cuando esos momentos de vivir rápido sin pensar se hacen numerosos, sumándose los primeros a los segundos y así sucesivamente hasta perder la cuenta, los sentimientos afloran sin que siquiera seas consciente de ello. Crees que no, que pasas buenos ratos y que esta circunstancia te hace feliz sin más, no obstante al tiempo reconoces que eras demasiado ilusa al creer que no dejarían una señal imborrable en ti, digo señal como eufemismo claro por no volver a repetir sentimiento, por cierto jodidamente profundo.

La vida es algo maravilloso, pensando con optimismo, y algo terrible para las mentes pesimistas. Saber cual es nuestro origen pero esperar cualquier cosa de nuestro final, es algo extremadamente desconcertante. La certeza de que esto sólo es un sueño más largo que los que concebimos cada noche puede llegar a ser frustrante, pero a la vez saber que es algo momentáneo, finito, nos hace reaccionar de forma que no queramos desaprovechar ni un segundo. Eso sí, siempre no nos ronda esta idea la cabeza porque muchísimas otras cosas la ocupan, por desgracia, y hacen que se nos olvide que sólo vamos a estar aquí una vez, una única vez. Sea donde sea donde vayamos, disfrutemos por ahora porque por la razón que sea estamos aquí, por la razón que sea un día dejaremos de estarlo y el tiempo tiene un valor incalculable , pero es tremendamente fugaz.